¿Cómo se gestiona el trabajo del conocimiento?

828020.TIFCada vez más, algunos grandes pensadores en el mundo de la gestión de personas en la empresa hablan sobre los cambios de organización que supone que en el mundo occidental gran parte del trabajo de las empresas sea realizado por los llamados trabajadores del conocimiento.

Según la wikipedia:

“Se denomina trabajador del conocimiento a aquellos trabajadores cuyo principal capital es el conocimiento.

Algunos ejemplos incluyen a los ingenieros de software, arquitectos, ingenieros, científicos, porque ellos “piensan para ganarse la vida”.

Lo que diferencia al trabajo en el ámbito del conocimiento de otras formas de trabajo es que su tarea principal es la resolución de problemas “no rutinarios” lo cual requiere una combinación de metodologías de pensamiento convergente, divergente, y creativo (Reinhardt et al., 2011).”

Además del ejemplo que incluye la wikipedia, todos conocemos puestos de trabajo en los cuales el trabajador realiza sus funciones sólo en base a sus conocimientos; en los campos que más conozco lo son creativos y planificadores publicitarios, gestores de marcas tanto de empresas como personales, algunos puestos financieros, etc…

Por otro lado la organización de las empresas, no quizás en las más avanzadas, pero si en muchas pequeñas y medianas que conforman el tejido empresarial de este país no ha cambiado como lo ha hecho la forma en que se realiza dicho trabajo y sobretodo la manera de pensar de quien lo realiza; así es fácil encontrar muchas empresas con horarios muy rígidos, con obligación de “calentar la silla” y con la sensación de que es mediante la presencia unas determinadas horas en un determinado lugar físico como una persona se gana su sueldo. Igual que muchas otras rigideces en la organización de las empresas la del horario proviene de los inicios de la fabricación en cadena, y de la generalización del trabajo repetitivo; por extraño que parezca seguimos repitiendo este patrón aún en tiempos en el que el control de la productividad no pasa por la horas que se dedican a una determinada actividad.

Según mi opinión este contrasentido está generando un problema en algunas empresas que no son capaces de remunerar el capital del conocimiento que tienen no ya con un sueldo, sino con unas condiciones que el propio trabajo permite.

Horarios

Cuando hablamos sobre trabajo del conocimiento, un trabajador puede generar su trabajo a cualquier hora; todos sabemos que hay personas más diurnas y más nocturnas, hay quien puede aguantar muchas horas seguidas y hay quien necesita más descansos. Una persona que trabaja con su conocimiento generando ideas no lo hace sólo durante las ocho horas establecidas en su contrato sino que lo puede hacer en cualquier momento, en fin de semana o en día laborable; aún así en muchas empresas se obliga a estos perfiles a mantener un horario fijo, que según mi opinión coarta sus posibilidades de generar más y mejor trabajo, con lo que realmente un horario tan estricto – que en su origen buscaba aumentar o mantener un nivel de productividad – realmente genera una bajada de productividad.

Ubicación

Otro posible problema de la empresa con este tipo de trabajadores es la obligación de acudir al lugar de trabajo todos los días – lo cual puede tener sentido en algunos puestos de trabajo en nuestros días y en todos ellos en otra época – pero no necesariamente tiene que ser así en el caso de los trabajadores de los que hablamos. La necesidad de hacer un trabajo desde un determinado sitio viene impuesta por el uso de unas herramientas que sólo están disponibles en ese sitio – y cuando hablo de herramientas me refiero tanto a una herramienta propiamente dicha, una llave inglesa o un ordenador, o bien a grandes equipos o instalaciones – pero en el caso que nos ocupa, y más hoy en día, un trabajador del conocimiento que básicamente necesita un equipo informático y capacidad de comunicación, puede hacer este trabajo desde cualquier ubicación, teniendo en cuenta, claro, que en casos extremos se penaliza la comunicación, como en el caso de trabajar desde distintos continentes.

Teniendo sólo en cuenta estos dos aspectos, que son básicos en la decisión de un trabajador de trabajar o no hacerlo en una determinada empresa, y que se entienden como retribución por muchos de ellos, ¿no tendría lógica que nuestras empresas se plantearan flexibilizar horarios y obligaciones de presencia en las oficinas? Según creo, esto generaría un aumento importante en la productividad de estos trabajadores, lo cual es claramente beneficioso para las empresas, así como un ahorro de costes tanto de tiempo como de dinero a los trabajadores – los traslados de casa al trabajo consumen una gran cantidad de tiempo a muchas personas y el transporte no es precisamente barato.

Creo que si queremos que nuestra empresa esté guiada por el corazón, debemos ser capaces de tener en cuenta los requisitos del trabajo de cada persona, ser capaces de adaptarnos y entender que si queremos conservar a personas clave debemos intentar que sus vidas dentro de la organización sean lo más cómodas posibles, no sólo porque es nuestra obligación como empleadores sino porque hacerlo así mejora la productividad de la empresa; eso sí tengo claro que para llegar a un modelo que entienda estas necesidades se debe desarrollar la confianza en las personas y perder el miedo controlador que a todos a veces nos afecta.

¿La forma sobre el fondo?

traje verde

Durante muchos años he sentido que la forma primaba sobre el fondo  en el mundo de la empresa; la imagen que se quería vender tenía más importancia  que el trabajo que se realizaba.

En parte este trabajo de generar esa imagen ha dependido del departamento de marketing, responsable del branding, o también del de comunicación; entre ambos se encargaban de la imagen de la empresa en la publicidad, en los medios o a través de los embalajes de sus productos.

También durante mucho tiempo ese cuidado de la imagen de la empresa llegaba al aspecto de los trabajadores; y por supuesto no sólo a aquellos que por su trabajo deben ir uniformados y que además ese uniforme les ayuda a distinguirse, sino también se trataba la vestimenta del trabajador de oficina como un uniforme, con los trajes sastre tanto para hombres o mujeres y la consabida corbata en los hombres y los zapatos de tacón en las mujeres.

Bajo la voluntad de querer homogeneizar la imagen de la compañía  incluso en algunas de ellas se ha cuidado el tipo de trajes y corbatas o zapatos que podían llevar sus empleados, así es muy difícil ver a consultores, abogados o financieros con trajes que nos sean azules o grises o con corbatas que vayan mucho más allá de las rayas, topos o lisas.

¿Y qué buscan las empresas con esta homogeneización?

Ciertamente es importante la imagen que dé un miembro de la organización cuando debe atender al público, pero no es menos cierto que lo realmente importante, el fondo de la cuestión, es que la imagen más importante que se quedará el cliente es la de la atención recibida (el fondo) y no la del aspecto de la persona (la forma) que le ha dado dicha atención, siempre que mantenga unos mínimos.

¿Y que esperamos como clientes?

También es cierto que quizás como clientes  esperamos una cierta indumentaria cuando contratamos un abogado o un asesor fiscal. Pero quizás siguiendo ese criterio podemos dejar escapar a un gran profesional sólo porque no lo hemos visto con corbata.

¿Y los profesionales que llevamos traje?

Además no debemos olvidar que para algunos profesionales el uso de traje y corbata es un signo externo de rango, de posición social, aunque esto sólo sea ya un convencionalismo; lo cierto es que las personas con la posición profesional más alta en nuestra sociedad, sobretodo en algunos tipos de empresa – y cada vez en más – han desterrado la vestimenta más formal y sólo la usan en determinados actos.

Mi caso personal- que tampoco debe servir más que como anécdota- es que aunque los trajes y las corbatas me encantan, pasé de vestirlo con orgullo en mis primeros trabajos, ya que me daba el aplomo que necesita un  “novato”, a sentirme encorsetado en él las últimas veces  que lo llevé; pero aún así, cuando por requerimientos profesionales dejé de usarlo para pasar  a una vestimenta más “casual”, tuve momentos en los que me sentía fuera de lugar sin llevarlo puesto.

Siguiendo con mi caso estoy convencido de que soy mejor profesional en este momento de mi vida que hace 10 años, aunque sólo sea  por la experiencia adquirida, pero me planteo si el hecho de no vestir traje puede hacer que desde fuera se me pueda juzgar diferente.

Quizás es por eso, y por una conversación mantenida con algunos conocidos no hace mucho sobre el tema que me planteé esta entrada.

Y las conclusiones a las que he llegado es que igual que una empresa no vale  lo que vale su logo, o su edificio,  sino lo que valen sus productos o servicios; de un profesional nos debemos quedar con su trabajo, y aunque acepto la importancia de la imagen que damos,  ya que no tendría sentido trabajar en comunicación si no me importase la imagen, pienso educar mi cerebro para que intente ir más allá y quedarse con el fondo. Al final esa decisión no deja de ser aplicarme el pensamiento coherente que me gusta en las empresas a mí mismo.